Manuel Pastor: “Obama y América Latina”
¿Qué sabe Barack Hussein Obama de la historia y cultura hispanoamericanas? A diferencia de George W. Bush, que siendo gobernador de Texas visitó Méjico y otros países de la zona con frecuencia, gozando de gran popularidad entre la comunidad hispana, el actual ocupante de la Casa Blanca ni siquiera habla espanol. Por otra parte, haber sido estudiante en Columbia y Harvard no garantiza nada, como ya vimos cuando se refirió confusamente a la historia de Espana, Andalucía, el Islam y la Inquisición, en su discurso del El Cairo.
En sus oscuros año de estudiante universitario “undergraduate” en Columbia parece que estuvo más interesado en la OLP, el “Orientalismo” (versión Edward Said) y la marijuana. Después, en Harvard, su interés fué el Derecho Constitucional (versión Laurence Tribe), aunque pudo recibir alguna influencia del Rockefeller Center for Latin American Studies, dirigido por el latinoamericanista John Coatsworth. Personalmente soy testigo de que los estudios latinoamericanos en este prestigioso campus y en el mencionado centro (del que fui miembro asociado durante 1998-2000) estaban muy sesgados ideológicamente hacia la extrema izquierda, con un fuerte acento anti-español (Coatsworth en particular era partidario de clausurar el Real Colegio Complutense en Harvard, que yo dirigía, y se negó a asistir a una reunión institucional con el presidente Aznar, cuando éste visitó el campus de Cambridge y dió una conferencia en la J. F. Kennedy School of Government).
Este profesor de Historia, que después se iría a Columbia -donde en 2007 organizó la infame conferencia del presidente de Irán-, es asesor para política latinoamericana del asimismo infame senador demócrata por Connecticut, Chris Dodd, que presume de ser el “experto” en el Congreso de temas hispanos e hispanoamericanos. Ambos, Coatsworth y Dodd, han sido partidarios, entre otras cosas, del apaciguamiento y la reconciliación con Cuba y Venezuela. Sospecho que con la anuencia del clan Kennedy.
Pero volvamos a Obama. No hace mucho Mary Anastasia O’Grady, esa magnífica periodista del Wall Street Journal especialista en América Latina, informaba que el asesor principal del presidente para la política latinoamericana es Greg Craig, anterior peón del clan Kennedy y al parecer uno de los “descubridores” del jóven político Obama, que ostenta ahora el cargo de White House Counsel (parece que también ha sido el inductor, junto al Eric Holder, de la polémica investigación en curso sobre la C.I.A.).¿Recuerdan al personaje? Fue el abogado de Fidel Castro en el asunto del niño balsero Elián González, que finalmente sería devuelto a Cuba por el gobierno de Clinton. Resulta irónico que, gracias a Craig y Castro, probablemente George W. Bush ganara la presidencia en las disputadas elecciones en Florida del 2000, por una gran mayoría del voto protesta cubano-americano que en otras circunstancias se hubiera repartido con los demócratas.
Teniendo presente el factor Craig se puede entender la deriva de la política latinoamericana de Obama: el “talante buenista” y apaciguador hacia Cuba, Venezuela y la pandilla de secuaces de Hugo Chávez (Morales, Correa, Ortega, la pareja Kirchner, y últimamente Leonel Fernández), asi como las plataformas del anti-americanismo en América Latina: la OEA con el insulso Insulza y la nueva Internacional Socialista del hemisferio occidental, ALBA. En concreto, las crisis de Honduras y de Colombia ilustran perfectamente esta actitud de la administración Obama.
Todo el mundo sabe que detrás de Zelaya y de las FARC está Chávez. El Departamento de Estado (por cierto, ¿dónde está Hillary?) y la Casa Blanca fingen ignorarlo, aunque el dictador venezolano se permite llamar personalmente por teléfono a media noche a la casa del alto funcionario de Estado, Thomas Shannon, para darle instrucciones o recomendaciones.
Recapitulemos. Primero, Honduras: un Estado democrático tiene tres poderes separados, el legislativo, el ejecutivo y el judicial. ¿Por qué el concepto de “golpe de Estado” tiene que referirse exclusivamente al ejecutivo como víctima? En el caso de Honduras está meridianamente claro (artículo 239 de la Constitución) que el golpista fue Zelaya, y que los poderes legislativo y judicial obraron en consecuencia, de acuerdo con la Constitución. Lo que Obama pretende ahora, presionando con sanciones diplomáticas y económicas al gobierno interino de Honduras para que reinstale al golpista Zelaya, como ha escrito O’Grady, es sencillamente “forzar a Honduras a que viole su propia Constitución” (WSJ, 31 de agosto de 2009).
Segundo, Colombia: la valiente actitud del presidente Uribe (últimamente contagiado de la gripe porcina en la pocilga de Bariloche) frente al acoso permanente de las FARC, Chávez y sus compadres, no está suficientemente respaldada y reforzada políticamente desde Washington, que mantiene una actitud pasiva y ambigua, excepto en el asunto del control del tráfico de drogas. Pero éste es sólo un instrumento más de las ambiciones imperialistas de Chávez en la región, y el gobierno de Obama, como los europeos (especialmente el español de Zapatero) hacen la vista gorda ante la expansión del populismo antidemocrático que está desestabilizando América Latina.
Que Méjico (donde un patético presidente Calderón recibió a Zelaya con todos los honores el pasado 4 de Agosto), Perú, Brasil, Chile y Costa Rica asuman el papel de Poncio Pilatos no es suficiente. Estados Unidos debería ser más enérgico en la defensa de sus intereses estratégicos, y los de sus amigos, aparte de los más básicos derechos humanos -como la libertad y la propiedad- que son el fundamento moral de la democracia, dentro y fuera de casa. Pero quizás sea pedir peras al olmo, ya que éste es un problema más amplio y profundo que está contaminado la política norteamericana en la Nueva Era Obama, con su deriva estatista e intervencionista sin controles suficientes, la proliferación de “zares” y “consejeros” independientes con capacidad ejecutiva, y el sesgo progresivamente populista-socialista de la cultura política oficial.
Parafraseando al gran H. L. Mencken: el más importante presidente de la historia después de George W. Bush, se ha ganado también el título que hasta la fecha ostentaba William J. Bryan, “el más esforzado y eficaz cazamoscas” de América. Pero en la línea de los grandes demagogos del siglo pasado y de la tradición genuina del “fascismo liberal” norteamericano (Jonah Goldberg), probablemente Obama sea más bien, modestamente, “An Ivy League Huey Long” (George F. Will, Newsweek, 7 de septiembre de 2009). En terminología sudamericana, que fascinaría a Borges o a cualquier escritor del realismo mágico, el Perón gringo de Harvard.
Manuel Pastor (pastor@semanarioatlantico.com) es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid, ex director del Real Colegio Complutense en la Universidad de Harvard.
Imagen: Flickr de El Enigma










